CARMEN Y LOLA | Arantxa Echevarría

EL PRECIO DE UNA MIRADA

«Uno de los grandes logros de la cinta es que no solo nos cuenta una historia con palabras, la cineasta vasca hace que la cámara hable con la misma potencia que la voz».

En tiempos en los que la libertad de expresión y de pensamiento varía según la ocasión, se hace aún más necesario abordar algunos temas delicados con una mayor profundidad. Estamos tremendamente errados si queremos ponerle límites a la creación, ésta es algo inherentemente humano y siempre va a estar condicionada por la acción de una mirada. En el caso que nos concierne, se trata de la visión de una paya que busca mostrar el significado del primer amor dentro de un contexto complicado para así remarcar la universalidad del mismo.

Carmen y Lola se estrenó en la Quincena de realizadores del Festival de Cannes. La película se presenta como una crítica social realista, que parte del interés de su directora que, tras leer una noticia en la que dos gitanas celebraban su boda sin la presencia de ningún familiar y aparecían fotografiadas de espaldas, se lanza a escribir esta historia que pretende poner rostro a esas dos mujeres.

El arranque es una declaración de intenciones: una novia vistiéndose en absoluta soledad, encuadrada con un angular que remarca su aislamiento; unos ruidos que parecen provenir de una fiesta que está fuera de campo; una puesta en escena extravagante y excesivamente iluminada, en definitiva, una serie de componentes que muestran el vacío existencial al que se ven abocadas las gitanas ante un casamiento que no han elegido.

«Carmen y Lola muestra su faceta más lucida reflejando esa realidad gitana a modo de documental, capaz de detenerse en esos pequeños detalles que brindan a la película una gran riqueza narrativa».

La primera parte del metraje posee un marcado tono documental, la cámara libre domina y es la encargada de ir desarrollando el relato. Este tono sirve para situar al espectador y remarcarle el contexto de la historia que va a tener lugar. La familia, los lugares, las casas, los puestos del mercado, el vestuario… todo ayuda a esclarecer el mensaje y a intuir el discurso. Una vez transcurrida esta parte didáctica, la película se estabiliza, se produce un ligero abandono de la movilidad para dar paso a un cierto estatismo, los planos y las estructuras se tornan más medidas y estudiadas, la historia de amor se convierte en el centro del relato.

La construcción de Echevarría es remarcable, nos sumerge en el imaginario gitano de una manera honesta —sin olvidar que ella no es gitana y que, con pretensión o sin ella, su punto de vista siempre va a estar catalogado como una mirada totalmente externa—.

Mi sit amet mauris commodo quis imperdiet massa tincidunt. Lobortis feugiat vivamus at augue eget arcu. ConvallisCarmen y Lola muestra su faceta más lucida reflejando esa realidad gitana a modo de documental, capaz de detenerse en esos pequeños detalles que brindan a la película una gran riqueza narrativa. Pese a sus grandes hallazgos, Carmen y Lola no está exenta de decisiones cuestionables: peca de ser demasiado previsible en muchos aspectos, el desenlace fatal con la familia se intuye y la historia no aporta nada más que lo que se espera que ocurra. El punto crítico, y el más desacertado de la película, es su final, pretendidamente melodramático y con un cierto aire telenovelesco, que repite la utilización del mar como metáfora de libertad cuando la asociación en este caso forma parte del cliché. Pese a ello, la cinta nos regala algunas escenas de una exquisitez cinematográfica muy remarcable. La escena en la piscina vacía es una auténtica delicia. La piscina se transforma en el lugar donde se forja la fantasía, los sonidos del agua de la piscina nos trasladan al momento onírico que están viviendo los personajes.

Otro instante de magia se produce durante la ceremonia de pedido, momento en el que Carmen y Lola se ponen a bailar. Echevarría hace uso de una óptica mucho más alargada, se centra en detalles de su baile, en sus manos, en sus cinturas, en sus miradas…, la profundidad de campo marca la importancia de las protagonistas y nos sumerge en la ensoñación del momento, además, para reforzar esta sensación, introduce una ligera melodía que no invade sino que señala el estado de aislamiento y felicidad al que llegan los personajes—sobre todo Lola— que en medio de todo el bullicio es capaz de conectar con Carmen sin mediar palabra, pero Echevarría nos recuerda que ese sueño es frágil, la escena se corta en seco cuando el novio aparta a Lola para bailar con Carmen de nuevo, la cámara se aleja y vuelve sobre los cauces documentales dejando a Lola de nuevo en esa posición de marginación dentro de ese entorno que no le permite vivir a su manera.

La sociedad calé no tiene techos de cristal, la diferencia entre sexos es tan marcada y aceptada que el techo es un hormigón por el que no entra ningún tipo de luz. Esa superioridad masculina se ve representada en un genial plano, grabado desde atrás, en el que Carmen y su prometido están hablando. Ella está situada en un lado del plano, pequeñita, sin ocupar demasiado. Él, al contrario, llena el encuadre con su cuerpo, ocupa la parte central, durante el dialogo ella siempre le mira —hacia arriba, en contrapicado— él ni siquiera hace ademán de mirarla, de hecho, está más interesado en la acción que ocurre fuera de cuadro. Uno de los grandes logros de la cinta es que no solo nos cuenta una historia con palabras, la cineasta vasca hace que la cámara hable con la misma potencia que la voz.

Podemos definir a Carmen y Lola como un canto a la libertad, a la igualdad, al derecho a amar a quién quieras. Incluso, podría decirse que es un grito de libertad de la propia Echevarría que se ha atrevido con un proyecto que “no le corresponde” y que celebra haber podido llevar a cabo.

CUANDO SE CIERRA LA PUERTA

No se trata de sacrificar lo instintivo ni de mutilar lo espontáneo, sino de comprender que esos impulsos, si no respetan al otro, no son más que el reflejo de una dominación maquillada de naturalidad.

MIRANDO LA VIDA HACIA ARRIBA

«El perfeccionismo y la rutina forman parte de una cotidianidad que sirve como escudo para la putrefacción de un exterior que encoge, la sencillez es el antídoto a una existencia que se intuye difícil».

UN DIÁLOGO FÍLMICO

Un ejercicio pausado de nostalgia, que transita desde el entusiasmo por el color de un cerezo o el crocante de la piel de un cordero hasta recomendaciones literarias de autores “densos”. Trueba nunca ha tratado de ocultar o disfrazar sus fuentes de inspiración, es más, estas se cuelan como gotas

UN DÍA DE MARZO

El silencio de hoy es el más cruel. Esta vez no hubo mención ni recuerdo, no hubo amago de cumplir las promesas que, vapuleadas por el tiempo, se desvanecieron como lo hicieron nuestras miradas tras el cristal del aeropuerto en nuestro último encuentro. Solo subsiste un encallado recuerdo que se

EL PESO DE LA AMISTAD

«Trapé diseña los puntos de vista de los personajes de una manera tremendamente elegante, hablando a través de gestos, miradas y silencios. Dota a su personaje principal, Comas, de un silencio infinito, de una inexpresividad que inquieta».