No es extraño para un treintañero reflexionar y llegar a la conclusión que nada te ha venido de cara, que la generación que te ha precedido ha vivido mucho mejor que tú y que tú, aun perteneciendo a la generación más preparada de la historia, tienes que conformarte con tener trabajos indecentes que tan solo te permiten no perder la supuesta dignidad de poder vivir. En ese ambiente y dentro de esa generación, un grupo de amigos se prepara para viajar a Berlín para celebrar el cumpleaños de uno de sus miembros, Álex Comas, que es un diseñador gráfico que está trabajando en Alemania y que verá como un día, por sorpresa, sus amigos se personan en su casa para festejar su aniversario.
Pese a lo dichoso que se antoja el argumento de antemano, la atmósfera del film se encarga enseguida de trasladarte hacia la otra orilla, los tonos casi desaturados nos arrojan una película que habla de la decepción y la melancolía. Las Distancias retrata de manera magistral a una generación que se tiene que enfrentar a una madurez inminente, que posee grandes expectativas y que ve como éstas se van difuminando hasta desaparecer. Pese a su carácter juvenil —por la edad y situación de sus protagonistas—, la película es capaz de trastocar a cualquiera, refleja la decepción, la angustia y el vacío de la esperanza apagada.




Elena Trapé, que tras Blog se confirma como una de las voces más sofisticas y sutiles del panorama cinematográfico español, aborda el tema de la amistad —lo muestra como una institución comparable a la familia— señalando su incapacidad de aceptar los cambios y mostrando como es capaz de agarrarse hasta el último resquicio de esperanza. La maestría de esta película reside en la fortaleza de un guion —del que se encarga la propia Trapé, junto a Josan Hatero y Miguel Ibáñez Monroy— perfectamente trabajado, capaz de dotar a cada personaje de un universo interior rico y profundo que hace de esta historia una fábula contemporánea sobre la melancolía que queda tras la perdida de ciertas relaciones.
«Hace un uso tremendamente inteligente del montaje interno, estructurando la tensión a través de la focalización, que da como resultado un nivel de crudeza en las relaciones entre personajes que sería imposible de conseguir a través del plano/contraplano».
Trapé diseña los puntos de vista de los personajes de una manera tremendamente elegante, hablando a través de gestos, miradas y silencios. Dota a su personaje principal, Comas, de un silencio infinito, de una inexpresividad que inquieta. No sabemos los conflictos de este personaje, pero sabemos que van mucho más allá de la llegada de sus amigos —quizá ya no lo sean— o la separación con su novia. Los personajes en Las Distancias son tremendamente humanos, la película no enjuicia, no nos muestra quienes son los malos o los buenos, muestra las entrañas de cinco amigos que esperaban rememorar un viaje a un pasado “feliz” y se topan con una travesía emocional que los sacude y rompe sus expectativas, un choque de realidad necesario, pero no por ello menos doloroso.
Alexandra Jiménez y Miki Esparbé llevan el peso de la película, los suyos son los personajes más desconcertantes de la cinta, Comas por lo que calla y Olivia por lo que ejecuta. Todos los intérpretes ofrecen una actuación magistral, indispensable para poder llevar a cabo un proyecto como este.
En el apartado visual, Trapé demuestra una gran sabiduría. Ubica la cámara a la distancia adecuada con respecto a la acción, unas veces involucrándola de lleno en ella —adoptando el punto de vista de un “sexto miembro”— y, en otras ocasiones, usándola como un sujeto externo que muestra la acción. Hace un uso tremendamente inteligente del montaje interno, estructurando la tensión a través de la focalización, que da como resultado un nivel de crudeza en las relaciones entre personajes que sería imposible de conseguir a través del plano/contraplano. La cinta hace uso de planos cerrados, que no endulzan la historia, Berlín se muestra como otro personaje gris dentro del marco de esta historia desaturada. Los colores fríos y la utilización de sonidos únicamente diegéticos hacen de Las Distancias una película dura y directa, cuyo ocaso sitúa al protagonista escuchando su propia realidad e invita al espectador a llevar a cabo un ejercicio similar.






