América Latina es ese insólito lugar donde caben seres extraordinarios como los que pueblan Macondo o Manayaykuna. Simboliza perfectamente la fantasmagoría e hipocresía contemporánea, capaz de presumir de férreos ideales, a la vez que no se detiene a reflexionar sobre la conveniencia de su vivencia en base a estos. Un territorio tan acostumbrado a los delirios y destellos de grandeza como a los cataclismos. Tierra del pecado, la envidia, la soberbia y el machismo, pero también territorio de cooperación y hermanamiento. ¿Qué es ser latino? Es una pregunta imposible de resolver y su inutilidad es absoluta cuando uno intenta acercarse a una definición, pero hay huellas de lo «latino» que no se nos pueden escapar, en el ciudadano “latino” hay unas conexiones y una identidad común que ningún ciudadano europeo puede presumir a pesar de formar parte de la «Unión Europea».
Lugar de talento y fortuna, territorio que a menudo cree que la riqueza cultural e intelectual de muchos de sus individuos producirá el milagro de su salvación y ascenso, sin reparar en que esa idealización es la que la condena al ostracismo y la decadencia.
En América Latina existe una impureza natural y una pureza cultural que no ha sido reflexionada, por lo que ese proceso de desnaturalización forma parte de su destrucción. La cultura y los actores que la dan forman no deben encargarse de arreglar una sociedad, es ingenuo, naíf y, sobre todo, perezoso pensar de esa manera. No se puede atribuir bondad y esperanza a un artista como tampoco lo deberíamos hacer con aquellos que portan los hábitos, confiar el futuro a una alteridad es siempre un acto peligroso, como dice Bolaño, un poeta también puede ser malvado, eso hay que tenerlo presente siempre.
América Latina es terquedad y delirio, su hábitat natural es la hipérbole. Es un lugar sometido a la fuerza de aquellos que la soportan, en manos de un artista crea cosas irrepetibles y grandiosas, pero con la misma asiduidad se deja llevar por las garras de tiranos que someten y venden un territorio que aún no es consciente de su dignidad y poderío.





