#crush_francés

LA CHICA DE LA BIBLIOTECA

Dentro del edificio —una antigua iglesia—, bajo sus bóvedas mudas, como si fuera algo inevitable, abandoné mi condición de ateo y empecé a seguir la doctrina que su mirada me había impuesto.

Cada vez que la recuerdo, me tiemblan las piernas. Pero ¿cómo no hacerlo, si me ocurrió la primera vez que la vi? Salía del metro de Lavapiés con la rutina como único testigo, enfilando un trayecto que no ofrecía promesas: la misma acera, la misma gente, el aire pesado y el olor a especias enredados en una humedad que asfixiaba a medias. Me dirigía a la biblioteca, en silencio, como se va a los lugares a los que se pertenece, sin alardes ni protestas, con la única intención de cumplir una jornada destinada a consumirse de nuevo entre inseguridades y jaquecas.

Pero entonces ocurrió: el destino, sabio y cruel a partes iguales, se puso el traje de excepcionalidad y coincidencia. Ella se acercaba por un costado, con la inconsciente indiferencia de quien ignora que está a punto de trastocar el orden del otro. Nos cruzamos; me sonrió y esa mueca —apenas gesto mecánico— me atravesó, sin saber por qué. Bajó la mirada y siguió su camino. No hubo nada más. Pero a veces basta con eso: un roce, un cruce, una mirada, y todo lo demás comienza a desmoronarse, a perder su sentido.

Entramos en la biblioteca a la vez, como si algo nos hubiera sincronizado en espacio y tiempo. Abrió sin ceremonias la primera de las dos puertas que flanquean la entrada de ese majestuoso edificio; la segunda —más pesada— obligó a que nuestras miradas se topasen de nuevo, a que la complicidad tuviera otra oportunidad de emerger. Dentro del edificio —una antigua iglesia—, bajo sus bóvedas mudas, como si fuera algo inevitable, abandoné mi condición de ateo y empecé a seguir la doctrina que su mirada me había impuesto.

Intenté sentarme, hacer lo que había ido a hacer. Pero no pude. Las piernas no respondían, la cabeza menos. Me levanté una y otra vez con pretextos absurdos: ir al baño, estirar la espalda, arrojar un folio —vacío— a la papelera, cualquier excusa que me permitiera buscarla. No sabía dónde se había sentado, y eso me aterraba; tenía miedo de no recordar su rostro, de que la idealización se tornara en bruma y el retrato se deformase, que el instante y el recuerdo se condenasen a un olvido paralelo.

De repente, salió agitada contestando una llamada; la voz —lejana, tímida— dejó entrever que era una chica extranjera. No alcanzaba a distinguir la lengua, pero no parecía castellano lo que hablaba. Aquella tarde, la concentración fue imposible. La urgencia por terminar una entrega a contrarreloj no fue suficiente para apartarla un segundo de mi pensamiento. Me sentía un fraude, un ser incapacitado para una tarea tan mundana como trabajar. Todo se había detenido y, aunque intenté fingir normalidad —acomodándome la camiseta, enderezando el bolígrafo—, supe que era inútil. Me rendí. Abandoné el edificio. Lo hice con la ilusión de que el aire fresco pudiera devolvérmela, o tal vez arrancármela de encima, pero su mirada me acompañaba, como una marca, como un recordatorio. Como si esa tarde, en la distancia exacta entre una sonrisa y una puerta pesada, todo lo demás hubiera dejado de importar para siempre.

LA HIERBA ES AHORA MÁS VERDE

Es curioso el dolor que provoca pasar por lugares sin conquistar, es extraño recordar y revivir lo que un día fue simular, los lugares del presente son los desgarros del futuro. La incapacidad de vivir el presente nos convierte en presas de un futuro sellado, no hay distancia ni posibilidad,

EL PESO DE LA AMISTAD

«Trapé diseña los puntos de vista de los personajes de una manera tremendamente elegante, hablando a través de gestos, miradas y silencios. Dota a su personaje principal, Comas, de un silencio infinito, de una inexpresividad que inquieta».

I’M A PERFORMER

«La película crea una atmosfera boyante, su intención no es ahondar en el drama vital de los personajes. No se jacta de mostrar los excesos de forma explícita, le basta con mostrar unos polvos encima de la mesa, algún diálogo intercalado en una conversación o una imagen simbólica poderosa».

ERICE DEMUESTRA QUE CREE EN LOS MILAGROS

«La creación de la imagen es la congelación de una corporalidad, de una expresión, un proceso de encapsulamiento del momento, la fijación del instante que evade a la muerte a través de su estancamiento».

GENUINAMENTE INSOPORTABLE

«Mal Genio nos arroja a un Godard tan genial en materias intelectuales y en el ejercicio de la creación cinematográfica como insoportable en lo humano, capaz de provocar la mayor de las admiraciones y el más absoluto de los rechazos, situándose siempre al borde de la bofetada».