#MAL GENIO | Michel Hazanavicius

GENUINAMENTE INSOPORTABLE

«Mal Genio nos arroja a un Godard tan genial en materias intelectuales y en el ejercicio de la creación cinematográfica como insoportable en lo humano, capaz de provocar la mayor de las admiraciones y el más absoluto de los rechazos, situándose siempre al borde de la bofetada».

Tras el éxito cosechado por “The Artist” en 2011, Michel Hazanavicius vuelve a sumergirse en un nuevo homenaje al cine, esta vez centrado en la figura del cineasta francosuizo Jean-Luc Godard. El filme toma como partida el libro escrito por la actriz Anne Wiazemsky, Un An Après y nos ofrece una historia de amor. La trama se sitúa en las revueltas de mayo de 1968, actos que significaron en Godard un cambio sideral en sus ideales y praxis fílmica que dio como resultado un cine con una carga política cada vez mayor.

Mal Genio nos arroja a un Godard tan genial en materias intelectuales y en el ejercicio de la creación cinematográfica como insoportable en lo humano, capaz de provocar la mayor de las admiraciones y el más absoluto de los rechazos, situándose siempre al borde de la bofetada. Godard está enfadado con el mundo y consigo mismo, se cuestiona cada una de sus acciones, decisiones y pensamientos llegando incluso a renegar de sus películas anteriores. Su ego traspasa la pantalla y Anne sufre estas consecuencias en silencio, en un segundo plano, sometida al discurso caprichoso y poco empático del autor. El arco de transformación del personaje de Anne navega desde la admiración inicial hasta el rechazo final con el que concluye la cinta.

Es en esa transición ideológica y política, en la omisión del desarrollo del personaje femenino, donde Hazanavicius claramente se decanta por situar su narrativa en el delirio político de cineasta (tema que convierte en una suerte de espectáculo circense) y no en la complicada relación entre Jean Luc y Anne, convincentemente interpretados por Louis Garrel y Stacy Martin.

El director galo, al igual que ya lo hiciera en “The Artist”, homenajeando con atino a películas de clásicas de cine mudo, trata de hacer constantes “guiños” a la obra de Godard —sobre todo a las propuestas de la primera etapa del cineasta—. Es el caso de la mirada interpelativa de Pierrot el loco, la imagen en negativo de Alphaville o los jump cuts de Al final de la escapada. Es una fórmula que imita las formas y las pone al servicio de un humor de corte popular, lo que resulta un tanto contradictorio, ya que resulta en un uso forzado de este metalenguaje cinematográfico, lo introduce como una imposición formal. Esta sucesión de decisiones hace que Mal Genio no sea capaz de construir un discurso narrativo propio y que se acerque más a un “pastiche” que a un relato de autor. Sin embargo, la película cuenta con un buen número de momentos brillantes, que funcionan mejor de manera aislada.

“Una de las grandes desgracias de la actualidad es la dictadura de lo políticamente correcto” decía Ruben Ostlund al recoger la Palma de Oro del Festival de Cannes por su película The Square. Mal Genio, al igual que la película sueca, es capaz de dialogar consigo misma y consigue sortear las barreras de la corrección política, y ya solo por ello merece un visionado.

«La sucesión de decisiones que toma Hazanavicius  hacen que Mal Genio no sea capaz de construir un discurso narrativo propio y que se acerque más a un “pastiche” que a un relato de autor».

Otra gran preocupación del cineasta era el devenir de la vida, el envejecimiento. Godard atisba en la gente mayor una pérdida de ese carácter revolucionario que tanto ama y que teme perder, tiene miedo de convertirse en un viejo porque, según él, ellos representan la antítesis a su pensamiento y la represión. Una frase pronunciada al principio del largometraje remarca su forma de afrontar y el miedo que le produce esa vejez. “Todos los artistas deberían morir antes de cumplir los 35 años, antes de convertirse en unos viejos cretinos”. La pronunciaba a la vez que alababa a Mozart por haber fallecido a los 35 años. El cineasta basa su vida en esta afirmación, nunca llegará a tener 35 años pese a tener 90, preferiría morir antes que encontrarse en una posición antirrevolucionaria, la revolución es su modo de vida y tiene al inconformismo y a la negación como aliado. “Quizá esto sea la revolución” es una de sus últimas frases. Y su filmografía nos arroja a un cineasta inconformista y radical, quizá el más radical de los cineastas actuales, quizá Godard tenga siempre 35 años.

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