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CUERPOS TATUADOS

Queremos que nuestra tinta exterior muestre como queremos ser, no que exista una manifestación natural que revele lo que realmente somos.

Heridas sinuosas y dispares que forman suaves surcos y asoman por insospechadas partes de nuestro cuerpo, delicadas laceraciones naturales que cuentan historias que queremos ocultar a toda costa, relatos de nuestro pasado y nuestro presente que asustan y avergüenzan, pero que simbolizan uno de los pocos casos de verdad genuina con los que podemos encontrarnos en estos tiempos de apariencia y branding. Representan una cruda y salvaje exposición de un cuerpo defectuoso que en su imperfección es capaz de exteriorizar historias que llevamos tatuadas y tratamos de disimular cuando podrían revelarse como un mapa que se despliega y señala nuevas rutas y senderos. La belleza es una construcción social, que se puede alterar y se ha visto alterada a lo largo de la historia realizando una conversión en la percepción y la interpretación. Para ejecutar esta metamorfosis es necesario llevar a cabo un acto valiente que nos permita abrazar esas cicatrices que adornan y decoran nuestra piel, que le aportan un carácter único y señalan nuestra transformación durante los años que dura nuestra existencia.  

La explicitación de esas cicatrices compone solo un pequeño gesto que nos convertirá en personas libres y que automáticamente posicionará como prisioneros a aquellos que vean en este defecto una herida que hay ocultar y erradicar, los esclavos de una imagen artificial y pretendidamente perfecta que se desvanece cuando el objetivo del selfie se cierra. Porque estas heridas representan una amenaza incomoda que desafía a esos reclusos con sacarlos de una burbuja en la que este tipo de desperfectos se señalan como una muestra de debilidad, una marca que desvela a los sujetos inferiores que no han sido capaz de alcanzar la anodina imperfección de un cuerpo normativo, que es el anhelo del que no quiere contar nada mientras se regocija y consuela en la suerte de no pertenecer al bando de los débiles.

Es obvio que no es necesario construir un relato edulcorado y condescendiente, porque en el fondo no estamos preparados para exponer de manera cruda nuestra realidad, y puede que esta no sea de nuestro agrado, pero quizá la revolución es aceptar las heridas para que puedan convivir y habitar en nuestros mismos espacios sin que nos limiten, sin que nos retraigan y nos aíslen, todos queremos encajar, pero abrazamos de manera tramposa la aversión a las heridas que nos debilitan y señalamos cuando observamos una personalidad fuerte exhibe sus heridas sin complejos ni vergüenzas.

En esta playa en la que estoy hay muchos cuerpos, muchos de ellos tatuados, pero muy pocos con una tinta que cuente una verdad, nuestras frases, dibujos y formas nos sitúan en el territorio del anhelo, el recuerdo o la expectativa. Queremos que nuestra tinta exterior muestre como queremos ser, no que exista una manifestación natural que revele lo que realmente somos.

LA HIERBA ES AHORA MÁS VERDE

Es curioso el dolor que provoca pasar por lugares sin conquistar, es extraño recordar y revivir lo que un día fue simular, los lugares del presente son los desgarros del futuro. La incapacidad de vivir el presente nos convierte en presas de un futuro sellado, no hay distancia ni posibilidad,

ERICE DEMUESTRA QUE CREE EN LOS MILAGROS

«La creación de la imagen es la congelación de una corporalidad, de una expresión, un proceso de encapsulamiento del momento, la fijación del instante que evade a la muerte a través de su estancamiento».

UNA CARRETERA SOLITARIA

No hay error porque el final esté escrito, eso convierte al camino en transición sin destino, en carretera llena de salidas de la que finalmente tomaremos la última y tendremos que pagar el peaje de desfilar por todos esos lugares que un día fueron ida y hoy son espejismo y

SÁBANAS LIMPIAS, CUERPOS MANCHADOS

Antes de darme cuenta ya tenía mi polla dentro de su cuerpo. Sin preámbulo, ni pausa para digerir lo que estaba ocurriendo. La carne cedió al instinto como un cuchillo que corta sin hacer cuestiones. Pude firmar una sentencia de muerte antes de que la reflexión tuviera siquiera tiempo de

UN DIÁLOGO FÍLMICO

Un ejercicio pausado de nostalgia, que transita desde el entusiasmo por el color de un cerezo o el crocante de la piel de un cordero hasta recomendaciones literarias de autores “densos”. Trueba nunca ha tratado de ocultar o disfrazar sus fuentes de inspiración, es más, estas se cuelan como gotas